Beneficios de la harina de roca
- Aporta sílice, calcio, magnesio, hierro y oligoelementos de origen volcánico.
- Actúa de forma progresiva, sin riesgo de sobredosificación.
- Mejora la estructura física del suelo y su capacidad de retener agua.
- Potencia la actividad microbiana y la capacidad de intercambio catiónico.
- Certificada Ecocert para agricultura ecológica, sin plazo de seguridad.
¿Qué es la harina de roca y para qué sirve?
Es un abono mineral obtenido de basalto, una roca de origen volcánico con una composición mineral muy completa, en la que el sílice representa cerca del 47% del total, junto con calcio, magnesio, hierro y oligoelementos como manganeso, cobre y zinc.
A diferencia de los abonos solubles de acción rápida, libera sus componentes de forma progresiva, lo que permite al suelo absorberlos y retenerlos sin picos ni pérdidas por lixiviación, y mejora al mismo tiempo la formación de agregados estables que hacen el suelo más esponjoso y mejor aireado.
No sustituye a un abono de acción rápida allí donde hace falta corregir una carencia puntual: es una enmienda de fondo, pensada para actuar a lo largo de semanas y meses, no como corrector de urgencia.
El sílice que aporta refuerza además la resistencia natural de la planta frente a hongos foliares e insectos chupadores, y su pH ligeramente alcalino (7,34) la convierte en un corrector natural en suelos con tendencia ácida.
Es habitual en huertos y jardines con muchos años de cultivo continuo, donde el lavado de nutrientes por riego y lluvia ha dejado el suelo mineralógicamente pobre, así como en la mejora de sustratos para macetas y contenedores.
Aplicaciones y usos recomendados
Indicado para la remineralización de suelos empobrecidos en huerto, frutales y jardín, para la mejora de sustratos en macetas y contenedores, y para la corrección de toxicidades minerales en suelos con exceso de aluminio, hierro o manganeso. Se aplica de forma preventiva al inicio de la temporada o al preparar el terreno para nuevas plantaciones.
Modo de empleo y dosis
Se aplica directamente al suelo o al sustrato, en superficie con posterior incorporación o mezclada con la tierra. Dosis general orientativa de 150 g/m²: en huerto y frutales, incorporar en los primeros 10-15 cm de suelo antes de plantar, o aplicar en superficie alrededor de la planta ya establecida; en jardín y césped, distribuir de forma homogénea y regar; en macetas y contenedores, mezclar con el sustrato en una proporción de 10-15 g por litro de tierra. Con una o dos aplicaciones por temporada, preferiblemente en primavera y otoño, es suficiente en la mayoría de los casos.
Composición
Sílice de origen volcánico (aproximadamente 47%), junto con calcio, magnesio, hierro y oligoelementos como manganeso, cobre y zinc.
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