La espinaca de Nueva Zelanda (Tetragonia tetragonioides) es una de esas hortalizas que rompe los esquemas. A pesar del nombre, no es una espinaca verdadera ni pertenece a la familia de las espinacas comunes (Spinacia oleracea): es una planta de hojas suculentas, gruesas y triangulares, originaria de las costas de Nueva Zelanda y Australia. Su gran ventaja: donde la espinaca común se sube a flor en cuanto llega el primer calor de mayo, esta sigue produciendo hojas tiernas durante todo el verano, incluso en pleno mes de julio.
Por qué cultivar espinaca de Nueva Zelanda
Es la solución perfecta para los huertos del centro y sur de la península donde el verano largo y caluroso impide cultivar espinaca tradicional. Sus hojas se preparan exactamente igual que la espinaca común: salteadas con ajo, en cremas, en rellenos de empanadas o pasta, en tortillas. El sabor es muy similar, incluso algunos lo encuentran más suave. Como bonus, es una planta muy resistente a plagas y enfermedades, y una vez se establece se autoresiembra sola año tras año.
Siembra y cultivo de la espinaca de Nueva Zelanda
La siembra se realiza directamente entre octubre y marzo. Las semillas son grandes, duras y germinan despacio: conviene remojarlas 24 horas en agua tibia antes de sembrar para acelerar el proceso. Cubre con 3 cm de sustrato y mantén húmedo. La germinación tarda 14-21 días a 13-20 °C. Marco de plantación: 30 x 15 cm.
Una vez establecida, la espinaca de Nueva Zelanda es una planta extremadamente rústica. Tolera la sequía mejor que la espinaca común, prefiere suelos arenosos y bien drenados, y agradece el sol pleno. Riego medio: en verano basta con dos riegos por semana en suelo. La cosecha se hace cortando las puntas tiernas de los tallos con tijeras, lo que estimula la planta a ramificar y producir más. Se puede recolectar continuamente desde 60-80 días después de la siembra hasta los primeros fríos del otoño. En maceta basta con 10 litros y una profundidad de 20 cm.



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