La lavanda (Lavandula angustifolia) es probablemente la planta aromática perenne más icónica del jardín mediterráneo: matas grises-azuladas con espigas de flores violeta intenso cuyo aroma es uno de los más reconocibles y apreciados del mundo. Tiene múltiples usos: ornamental (borduras de lavanda son uno de los espectáculos más bellos del verano), aromático (bolsitas de lavanda seca para armarios, sachets, almohadillas relajantes), culinario (flores en cocina provenzal, en miel, en galletas), apícola (una de las mejores plantas melíferas), y medicinal (infusión y aceite esencial con propiedades calmantes reconocidas).
Características de la lavanda
Planta perenne semi-leñosa de 40-80 cm, con hojas estrechas grisáceas y espigas florales de color violeta-azulado de 5-10 cm. Floración principal en junio-julio, a veces con segunda floración en septiembre. Extraordinariamente resistente a la sequía (es planta de secano mediterráneo), a suelos pobres y calcáreos, y a heladas moderadas. Una mata bien establecida vive 10-15 años. Atrae masivamente a las abejas durante la floración.
Siembra y cultivo de la lavanda
Siembra en semillero protegido entre enero y marzo, a 15-20 °C. Germinación lenta y caprichosa: 21-40 días (se beneficia de estratificación: 2-4 semanas en nevera antes de sembrar). Las semillas son pequeñas, sembrar superficialmente. Trasplante a marco de 40-60 cm cuando la plántula tiene varias hojas. Primera floración al segundo año.
Pleno sol intenso, suelo muy bien drenado (incluso pobre, calcáreo, arenoso). Nunca suelos arcillosos ni encharcados: mata la lavanda con seguridad. Riego mínimo: es planta de secano que sufre con exceso de agua más que con sequía. Poda en primavera y tras la floración para mantener la planta compacta. En maceta de 15+ litros también funciona con buen drenaje.


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