El guisante de olor (Lathyrus odoratus) no se cultiva por sus semillas ni por sus vainas, sino por sus flores: pequeñas, en racimos, con pétalos delicados como mariposas y un perfume embriagador que recuerda al jazmín y al jacinto. Originario de Sicilia, este guisante ornamental conquistó los jardines ingleses victorianos y nunca se ha ido. Sus colores van del blanco al púrpura profundo pasando por todos los rosados imaginables, y es una de las pocas flores que combinan aroma, belleza y facilidad de cultivo.
Por qué plantar guisante de olor en el huerto
Más allá de su valor ornamental, el guisante de olor cumple varias funciones útiles: como toda leguminosa, fija nitrógeno en el suelo, mejorando la fertilidad para el cultivo siguiente. Sus flores atraen abejorros y abejas solitarias que después polinizarán tus tomates y calabacines. Y como trepadora, ocupa muy poco espacio en planta y mucho en vertical: ideal para vallas, mallas, espalderas o para guiar por una pérgola y crear sombras perfumadas. Cuidado: las semillas y vainas del guisante de olor son tóxicas si se ingieren, no confundir con el guisante comestible.
Siembra y cultivo del guisante de olor
La siembra se realiza directamente entre octubre y marzo. En climas templados como el mediterráneo, las siembras de otoño dan plantas más vigorosas y floraciones más largas. Coloca las semillas a 3-5 cm de profundidad, dos por golpe, con un marco de 40 x 3 cm. Para mejorar la germinación, remoja las semillas 12-24 horas en agua tibia antes de sembrar. La germinación tarda 10-21 días a 15-20 °C.
El guisante de olor necesita un soporte vertical desde el momento del trasplante: una malla, una caña con cuerdas, un enrejado. Las plantas trepan por sí mismas hasta los 2-2,5 metros. Sustrato fresco, rico en materia orgánica y bien drenado. Riego regular sin encharcar. Para prolongar la floración, corta los ramos con regularidad (para casa o para amigos): cuantas más flores cortes, más producirá la planta. La floración llega de finales de invierno a primavera. Si se deja madurar las primeras vainas, la planta entiende que ha completado su ciclo y deja de florecer.


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