El abono verde es una técnica de agricultura ecológica que consiste en sembrar plantas no para cosecharlas, sino para incorporarlas al suelo antes de que florezcan. Su función: enriquecer la tierra con materia orgánica fresca, mejorar la estructura, prevenir la erosión y, en el caso de las leguminosas como este guisante, fijar nitrógeno atmosférico que quedará disponible para el cultivo siguiente. Es una de las prácticas más eficaces y sostenibles para mantener la fertilidad del huerto sin recurrir a abonos químicos.
Por qué usar guisante como abono verde
El guisante (Pisum sativum) es uno de los abonos verdes más usados en otoño-invierno en climas templados por varias razones. Primero, fija grandes cantidades de nitrógeno (entre 100 y 200 kg/ha) gracias a la simbiosis con bacterias Rhizobium. Segundo, su sistema radicular descompacta los suelos pesados y arcillosos. Tercero, su crecimiento rápido y rastrero cubre el suelo, impidiendo el desarrollo de malas hierbas y protegiendo de la erosión por lluvias invernales. Y cuarto, su biomasa abundante se incorpora bien al suelo con un simple pase de cultivador.
Siembra y manejo del abono verde de guisante
La siembra se realiza al voleo o en líneas entre octubre y marzo, cubriendo después con un ligero rastrillado. La dosis típica es de 150-180 g/m² para una cobertura densa. Profundidad de siembra: 3-5 cm. La germinación tarda 7-10 días a 13-18 °C. No requiere ningún cuidado especial: ni riego (las lluvias de invierno suelen bastar), ni abonado, ni desbroce. El guisante hace todo el trabajo solo.
El momento clave del abono verde es la incorporación: hay que segar y enterrar las plantas justo antes de que florezcan, cuando contienen el máximo de nutrientes y la biomasa es más blanda y se descompone más rápido. Esto suele ocurrir hacia febrero-marzo. Se puede segar con motoazada, guadaña o desbrozadora, dejar las plantas tendidas en el suelo 7-10 días para que se sequen y después incorporar con cultivador a 10-15 cm de profundidad. Tras la incorporación, dejar reposar el suelo 3-4 semanas antes de plantar el cultivo siguiente, para que la materia orgánica termine de descomponerse y los nutrientes estén disponibles.


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