La lenteja tiene mala fama de cultivo aburrido y es justo lo contrario: es una de las pocas plantas que dejan el bancal mejor de lo que lo encontraron, aguanta el frío del invierno sin quejarse y pide tan poca agua que muchos años se saca adelante solo con lo que cae. Lo que sí tiene es un momento de siembra estrecho y unas decisiones que conviene tomar bien desde el principio, porque son las que separan una mata raquítica de una planta cargada de vainas. Quien llega hasta aquí suele venir con tres dudas muy concretas, cuándo se siembra, a qué distancia y cuándo se recoge, así que vamos a resolverlas con números y a explicar por qué la lenteja encaja tan bien en la rotación de un huerto ecológico.
Cómo es la planta de lentejas y dónde crece bien
La lenteja que cultivamos en España es Lens culinaris, una leguminosa anual de porte arbustivo que se queda entre los treinta y los sesenta centímetros de altura según la variedad y la fertilidad del suelo, con tallos finos y ramificados desde la base, hojas compuestas de foliolos pequeños y unos zarcillos discretos en el extremo que le sirven para apoyarse en las plantas vecinas. Florece en racimos de flores diminutas, blanquecinas o con un tono azulado muy suave, y cada flor fecundada da una vaina corta y aplanada que contiene una o dos semillas, rara vez tres, lo cual explica por qué hace falta una superficie generosa para llenar un bote de lentejas y por qué en un huerto pequeño tiene más sentido plantearla como un cultivo de temporada que como una despensa.
Su gran virtud, sin embargo, no está en lo que se ve sino bajo tierra. Como el resto de las leguminosas, la lenteja establece una simbiosis con bacterias del género Rhizobium que se instalan en nódulos de la raíz y fijan nitrógeno atmosférico, de manera que la planta se alimenta en buena parte por su cuenta y deja el suelo enriquecido para el cultivo siguiente. Por eso en nuestras rotaciones la colocamos siempre delante de cultivos exigentes en nitrógeno, coles, acelgas o patata, y por eso no hay que abonarla con aportes ricos en nitrógeno: si le dais de más, la planta crece frondosa, se tumba con la primera lluvia fuerte y produce menos vaina. Un aporte moderado de materia orgánica bien madura en la preparación del bancal es suficiente, y ahí nos gusta trabajar con humus de lombriz precisamente porque libera los nutrientes despacio y mejora la estructura sin disparar el vigor vegetativo.
En cuanto a suelo y clima, la lenteja es de las plantas más agradecidas del huerto de invierno siempre que se respete una condición innegociable: el drenaje. Tolera la sequía, tolera el frío, tolera suelos pobres y calizos y se mueve cómoda en un pH de entre 6 y 8, pero no perdona el encharcamiento, que le pudre el cuello y acaba con la plantación en pocos días. Si vuestro terreno es arcilloso y retiene agua, plantad en caballón elevado y olvidaos del riego automático. Necesita además sol directo durante todo el ciclo, así que reservadle la zona más despejada del huerto y no la pongáis a la sombra de un frutal ni detrás de una estructura alta.
Cuándo y cómo se siembra la lenteja en España
La fecha de siembra depende del invierno que tengáis, y esta es la decisión que más condiciona el resultado. En la mitad sur, en el litoral mediterráneo y en general allí donde las heladas son puntuales y suaves, la siembra es de otoño, entre finales de octubre y diciembre: la planta nace, se instala, pasa el invierno casi parada y arranca con fuerza en cuanto suben las temperaturas, aprovechando la humedad acumulada y adelantando la cosecha. En zonas de interior con heladas intensas y prolongadas conviene esperar al final del invierno, entre febrero y marzo, porque una plántula tierna sorprendida por varios días bajo cero se pierde sin remedio. Si tenéis dudas sobre vuestra zona, la regla práctica es mirar qué hacen los cereales de invierno a vuestro alrededor: la lenteja se siembra más o menos en la misma ventana.
La lenteja se siembra siempre directa, porque tiene una raíz pivotante que sufre mucho con el trasplante y no compensa el trabajo de semillero. Preparad el bancal con antelación, sin terrones grandes y con la materia orgánica ya incorporada, y sembrad a tres o cuatro centímetros de profundidad, que viene a ser unas tres veces el tamaño de la semilla. El marco que usamos nosotros deja las líneas separadas entre veinticinco y treinta y cinco centímetros y las plantas a unos diez o quince dentro de cada línea, lo que permite escardar con comodidad entre hileras y deja suficiente aire entre matas como para que la humedad no se quede estancada en la base. Sembrar más apretado no aumenta la cosecha, solo favorece los hongos y complica el desherbado.
Un detalle que marca diferencia: sembrad semilla de buena calidad y de procedencia conocida, si solo queréis hacer una prueba podéis empezar por germinar las mismas que coméis en casa. En nuestra sección de semillas ecológicas de leguminosas no siempre las tenemos disponibles, pero cuando las tenemos encontraréis variedades de leguminosas pensadas para huerto, con germinación contrastada y sin tratamientos de síntesis. Regad justo después de sembrar para asentar la tierra y mantened el lecho apenas húmedo hasta la nascencia, que llega entre los siete y los quince días según la temperatura del suelo; a partir de ahí, la planta se las arregla prácticamente sola. Si vuestra zona tiene pájaros con querencia por el bancal recién sembrado, y casi todas la tienen, cubrid la siembra con una malla ligera durante esas dos primeras semanas, porque la semilla de lenteja hinchada es un bocado fácil y una nascencia irregular arrastra el problema durante todo el ciclo: los huecos se llenan de hierba y las plantas aisladas acaban tumbadas por no tener vecinas en las que apoyarse.
Del riego a la trilla: cuidados, plagas y cosecha
El manejo de la lenteja durante el ciclo se resume en hacer poco y hacerlo en el momento adecuado. El riego es el mejor ejemplo: una vez establecida, la planta tira de las reservas del suelo y solo necesita apoyo en dos momentos críticos, la floración y el llenado de la vaina, que es cuando una sequía severa se traduce directamente en vainas vacías. Fuera de esos dos momentos, regad poco y espaciado, y siempre a pie de planta en lugar de mojar el follaje, porque la humedad sobre la hoja es la puerta de entrada de la roya y del mildiu. Lo que sí hay que hacer con constancia es escardar durante las primeras seis u ocho semanas: la lenteja es de crecimiento lento al principio y cualquier hierba vigorosa le gana la partida por luz y por agua, mientras que en cuanto cierra el suelo ya se defiende sola.
En plagas, la que más nos consultan es el pulgón, que aparece con el primer calor de primavera sobre los brotes tiernos y se controla bien con una pulverización de jabón potásico mojando el envés al atardecer, repetida a los siete o diez días. También pueden aparecer minadores, que rara vez justifican un tratamiento, y orugas puntuales que se resuelven a mano. La enfermedad a vigilar es la roya, que se manifiesta como pústulas anaranjadas en el envés cuando coinciden humedad alta y temperaturas suaves; la prevención pasa por el marco de plantación amplio, el riego a pie de planta y la rotación, ya que las esporas se conservan en los restos del cultivo anterior. Y hay un enemigo que ataca después de la cosecha, el gorgojo de la lenteja, que pone el huevo en la vaina y sigue desarrollándose dentro del grano ya almacenado.
La cosecha llega cuando la planta amarillea y al menos dos tercios de las vainas están secas y suenan al agitarlas, entre tres y cuatro meses después de una siembra de final de invierno y bastante más si fue de otoño, porque la planta pasa parada los meses fríos. No esperéis a que se sequen todas: las primeras vainas en madurar se abren solas y pierden el grano en el suelo, así que es preferible segar un poco antes de tiempo. Cortad la mata a ras de suelo, dejando la raíz en la tierra para que el nitrógeno fijado se quede donde os interesa, y colgadla boca abajo o extendedla sobre una tela en un lugar aireado y sombrío una o dos semanas. Después basta con frotar o golpear suavemente las vainas dentro de una bolsa de tela y aventar el grano para separar la paja. Antes de guardar las lentejas en un bote hermético, metedlas cuarenta y ocho horas en el congelador: es el modo más sencillo y limpio de acabar con las larvas de gorgojo que puedan venir dentro del grano y de conservar la cosecha intacta hasta la siembra del año siguiente.







