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Cómo hacer compost paso a paso en casa

Cada otoño nos llega la misma pregunta por nuestras redes sociales, casi siempre de clientes novatos que miran el jardín o el huerto cubierto de hojas secas y no sabe muy bien qué hacer con tantos sacos de hojarasca: ¿se puede aprovechar todo esto para mis cultivos? La respuesta es que sí, y que octubre y noviembre son probablemente los mejores meses del año para empezar, porque es justo cuando más material seco cae al suelo y cuando las podas, los restos de la huerta de verano y los de la cocina coinciden en el tiempo. El primer uso y más evidente es hacer mulching, también conocido como acolchado, una técnica utilizada en jardinería y agricultura que consiste en extender una capa de materiales orgánicos o inorgánicos sobre el terreno, con el objetivo de proteger el suelo, reducir la pérdida de humedad y favorecer el crecimiento y desarrollo saludable de las plantas; toda esas hojas que nos parecían un molesto exceso de restos, son el realidad un tesoro que conviene aprovechar.

Cuando las cantidades ya son elevadas y superan con creces nuestras necesidades de acolchado, lo más recomendable es convertirlos en compost, que nos resultará muy útil durante todo el año para proporcionar a nuestros cultivos un sustrato rico y vivo. Aademás, aprender a hacer compost en casa no tiene mayor dificultad ni requiere grandes instalaciones, aunque sí entender unos pocos principios que explican por qué unas pilas se convierten en tierra oscura y esponjosa mientras otras acaban oliendo mal o pasan meses sin moverse.

Qué necesitas para hacer compost y qué materiales echar

El compostaje es, en esencia, una descomposición controlada en la que bacterias, hongos y pequeños invertebrados transforman los restos orgánicos en una materia estable, y lo único que hacemos nosotros es darles lo que necesitan para trabajar a gusto: alimento variado, agua en su justa medida y aire. Para eso basta con una compostera de jardín (de madera, de plástico reciclado o incluso un rincón delimitado con palés si tenéis espacio), una horca o un aireador para voltear y, sobre todo, constancia al ir añadiendo los materiales, que es donde se decide casi todo.

El equilibrio entre material seco y material fresco

Los restos que vais a compostar se reparten en dos grandes familias que conviene aprender a distinguir de un vistazo. Por un lado están los materiales frescos o «verdes», húmedos y ricos en nitrógeno, como las peladuras de fruta y verdura, los posos de café, los restos de siega o las hojas tiernas de la huerta; por otro, los materiales secos o «marrones», ricos en carbono, como la hojarasca, la paja, las ramitas trituradas, el cartón sin tintas o el serrín de madera sin tratar. Una pila hecha solo de verdes se apelmaza, fermenta sin aire y huele a podrido, mientras que una pila hecha solo de marrones se queda seca e inmóvil durante meses, así que la regla práctica que seguimos nosotros es mantener siempre algo más de volumen de material seco que de fresco y tapar cada aporte de cocina con una capa de hojas.

Tipo de material Ejemplos Qué aporta a la pila
Fresco o «verde» Peladuras de fruta y verdura, posos de café, restos de siega, hojas tiernas de la huerta Nitrógeno y humedad, que ponen en marcha la actividad
Seco o «marrón» Hojarasca, paja, ramitas trituradas, cartón sin tintas, serrín de madera sin tratar Carbono, estructura y huecos para que circule el aire
Mejor dejarlo fuera Carne, pescado, lácteos, aceites, restos cocinados, plantas enfermas, hierbas ya granadas Malos olores, roedores o reinfección del huerto

Qué restos orgánicos no debes echar en la compostera

Hay materiales que, aunque sean orgánicos, conviene dejar fuera de una compostera doméstica porque traen más problemas que beneficios aportan. Por ejemplo, los restos de carne, pescado o lácteos atraen roedores y moscas y se descomponen de forma desagradable; los aceites forman capas que impiden el paso del aire. Y los grandes vetados son los restos de plantas con hongos o virus, pues pueden sobrevivir al proceso si la pila no se calienta lo suficiente y volver al huerto mezcladas con el compost, igual que ocurre con las hierbas que ya han soltado semilla. Tampoco os recomendamos echar cáscaras de cítricos en grandes cantidades, madera tratada o barnizada ni excrementos de perros y gatos, que suponen un riesgo sanitario que no compensa en un huerto de autoconsumo.

Cómo hacer compost paso a paso: montaje, humedad y volteo

La ubicación influye más de lo que parece, porque una compostera a pleno sol se reseca en verano y una colocada en una esquina encharcada se pudre en invierno, de modo que lo ideal es un lugar a media sombra, cómodo de alcanzar desde la cocina y apoyado directamente sobre la tierra, nunca sobre baldosa o cemento, para que las lombrices y los microorganismos del suelo puedan subir a colonizar la pila y el exceso de agua drene sin formar charcos.

Montar las capas aprovechando la hojarasca de otoño

El montaje que mejor nos funciona en esta época del año sigue un orden sencillo que podéis repetir tantas veces como haga falta:

  • Una primera capa de ramitas o restos de poda gruesos en el fondo, que deja pasar el aire y facilita el drenaje.
  • Una capa generosa de hojarasca, que en otoño tenéis de sobra y que conviene guardar en sacos para ir usándola durante todo el invierno.
  • Los restos frescos de cocina y huerta, troceados en pedazos pequeños para que se descompongan antes.
  • Un puñado de tierra del propio huerto, que siembra la pila con los microorganismos que van a hacer el trabajo.
  • Otra capa de hojas que cubra los restos frescos y evite olores y mosquitas.

A partir de ahí basta con repetir la secuencia cada vez que tengáis restos, sin echar nunca de golpe mucho material fresco, que es el error que más pilas estropea. Si queréis ayudar al arranque, nuestro purín de ortiga se emplea también como activador del compostaje, porque acelera la descomposición de la materia orgánica, y podéis incorporarlo al agua con la que humedecéis la pila el día que la montéis.

Humedad, aire y volteo

La humedad correcta es la de una esponja bien escurrida: si cogéis un puñado, lo apretáis y gotea, sobra agua y hay que añadir hojas secas, mientras que si se deshace como polvo falta humedad y toca regar o incorporar restos frescos. El aire es el otro factor que no se puede descuidar, porque los microorganismos que trabajan deprisa y sin olores necesitan oxígeno, y por eso conviene voltear la pila con la horca cada pocas semanas, llevando el material de los bordes hacia el centro y el del fondo hacia arriba. En los primeros días de un buen montaje notaréis que el interior se calienta (señal de que la actividad ha arrancado), y con el frío del invierno ese ritmo bajará sin que tengáis que preocuparos, porque la pila sigue trabajando aunque lo haga más despacio.

Cómo saber si el compost está maduro y cómo usarlo en el huerto

Un compost maduro tiene un aspecto que no deja lugar a dudas: color oscuro, textura suelta y grumosa, olor a tierra de bosque y ningún resto reconocible salvo algún trozo de rama que se puede cribar y devolver a la pila siguiente. Una pila montada en otoño con buena mezcla de materiales suele estar lista al cabo de varios meses, normalmente entre la primavera y el verano siguientes, aunque el plazo depende del tamaño de los trozos, del volteo y del clima, así que preferimos fiarnos de esas señales antes que del calendario.

Los problemas más habituales y cómo corregirlos

Casi todos los fallos tienen que ver con el equilibrio entre seco y fresco o con la falta de aire, y se corrigen con bastante facilidad si se detectan a tiempo. Cuando la pila huele a amoniaco o a podrido, sobra material verde y falta oxígeno, y lo que funciona es añadir hojarasca y voltear; cuando pasan las semanas y no se calienta ni cambia de aspecto, suele estar demasiado seca o tener poco material fresco, y cuando aparecen nubes de mosquitas es porque los restos de cocina han quedado al descubierto y basta con taparlos con una capa de hojas cada vez que echéis algo nuevo.

El compost casero y el humus de lombriz se complementan

Aquí entra una duda que nos plantean muy a menudo: si utilizo compost casero, ¿ya no es necesario el humus de lombriz? Nuestra recomendación es siempre combinarlo con humus de lombriz. Lejos de competir, las dos cosas suman: el compost casero cierra el círculo de los restos de vuestra casa y el humus aporta una base constante y medida mientras la pila madura. Si además notáis que el suelo de vuestro huerto ha perdido estructura tras muchos años de cultivo, en nuestra sección de regeneradores del suelo tenéis enmiendas de fondo como la harina de roca o los ácidos húmicos, pensadas para recuperar la fertilidad poco a poco, y en nuestra guía para preparar el huerto de invierno os contamos cómo organizar el resto de tareas de esta temporada.

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